domingo, 30 de agosto de 2020

Diario del Capitán XXV

Siendo yo un pez abisal, a veces, también necesito de una bocanada de aire. En medio del sonido sordo de mi corriente hay cierto punto en la inmensidad del océano que me permite una salida directa al exterior. Es la única forma libre que conozco de conseguir mi anhelo. Todos los demás caminos son espinosos y están cubiertos de peligros y depredadores. Mi salida esta ahí por una casualidad, yo mismo no puedo explicar su origen, solo sé que se mantiene y no por mi deseo. Supongo que tiene un fin mayor que ayudarme a seguir con vida pero no pretendo desentrañar sus misterios, ni los porqués de su existencia. Sé que un día no estará más y me ahogaré en la oscuridad pero prefiero no pensar en ello pues terminaría racionalizándolo, reduciéndolo al vacío y quitándole toda la emoción. En las tinieblas siento que me asfixio y el sobresalto reduce mi carne a saltos inútiles, vacíos, sin propósito. Entonces voy por una bocanada de aire, para tranquilizarme viendo el cielo y todos sus colores, desde mi pequeño lugar, oculto y sin miedo, yo soy entonces el cielo, todo el ancho espacio infinito.

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