Hoy he despertado riendo. Recuerdo aún lo que en mi sueño me ha parecido tan gracioso. Ha sido con un amigo, de los que acostumbro a perder. Ha venido a contarme algo divertido a esta parte inconsciente de mi y me he reído. Claro que sí. Cualquier persona, alguien más o menos “normal”, tomaría esto como una señal, un mensaje de las profundidades de sus deseos. Telefonearía al co-protagonista del sueño no para contarle la anécdota, sino más bien para saber si está todo bien con esa persona. Se dirían esas cosas que se dicen, se preguntarían las cosas que se preguntan y se responderían las cosas que se responden, pero yo soy Julián Mandujano y no hay cura para mi. Por fin he podido fumarme un cigarrillo, qué satisfacción tan insana es esta.
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