miércoles, 6 de julio de 2022

Diario del Capitán XXX

Mi esposa ya no está aquí, tomó un vuelo urgente, quizá muy urgente, urgentísimo hacia un destino que desconozco. Lo dejó todo y abandonó nuestro hogar tan deprisa como el soplo del viento en la pampa. En la mesa conyugal, una sencilla carta de agradecimiento con una única palabra. Gracias. ¿Qué quiere decir eso? ¿De dónde ha venido esa palabra y por qué y para qué fue escrita? No lo sé, solo tengo la certidumbre de que no volveré a verla. Detallo con mis ojos los espacios de nuestro hogar común, como quien verifica en silencio el lugar donde pasó un huracán. No hay nada que decir, tampoco nadie preguntará, solo nuestra gata con su mirada mientras se ovilla en su silla de trabajo buscando el calor de alguien que se fue. Las acuarelas y los lápices de colores siguen en el mismo lugar donde los dejó. El placard de nuestra habitación aún contiene su ropa y sus zapatos, no se ha llevado nada. Lo ha dejado todo como si tuviera la intención de volver. Su perfume de cereza sigue en el lugar de siempre, junto con delineadores, aros y otros accesorios que usaba para ponerse linda. Siempre fue linda, muy linda, lindísima, se marchó sin creérmelo. La extrañaré esta noche, la primera de todas las noches en las que no me hará reír con alguna cosa que saque de la manga, subiéndose a mis piernas porque no había mejor lugar o cuando me besaba la mejilla entendiendo todas y cada una de mis carencias. Ya no discutirá conmigo, cómo me encantaba discutir con ella, no creo que en lo que siga después pueda encontrar a alguien con quien discutir tan bien. Voy a dejar todo tal cual está, quizá sea como ese filme francés que a ella nunca le gustó y un día me levante al oírla lavar los platos. 

Me siento frente al ordenador, como de costumbre, tan solo para perdonarme la debilidad de escribir cinco palabras más.

He sido feliz, lo lamento. 

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