Julián Mandujano cierra sus ojos lentamente para buscar en ello un poco de tranquilidad y quizá consuelo en medio de la madrugada fría de su ciudad. Coloca una mano sobre otra en el escritorio de siempre y acomoda su cabeza entre ellas, mientras el ordenador espera alguna instrucción para seguir existiendo. Brevemente, entra en la superficialidad de un sueño leve, para encontrarse a sí mismo disfrutando de un evento social cargado de excesos, desenfrenos y arrebatos adolescentes. Asustado por lo absurdo de todo ello, despierta entre confundido y acalorado. Tan solo para volver a su vida, hacer números y sacarles verdades.
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